Durante años aprendimos a desconfiar de una noticia que aparecía en una página desconocida. Después aprendimos a desconfiar de una fotografía demasiado perfecta, de una cuenta falsa o de un video manipulado.
Ahora aparece un problema nuevo.
¿Qué ocurre cuando la información falsa nos llega a través de una inteligencia artificial que habla con seguridad, ordena los antecedentes y hasta entrega fuentes?
La respuesta ya no pertenece solamente al terreno de las hipótesis.
Rusia ha construido redes de propaganda digital extraordinariamente extensas. El Departamento de Justicia de Estados Unidos documentó la operación Doppelganger, vinculada al gobierno ruso, que copiaba la apariencia de medios legítimos y utilizaba decenas de dominios falsos para introducir narrativas diseñadas por estructuras vinculadas al Kremlin. Francia identificó otra infraestructura, Portal Kombat, formada por centenares de sitios destinados a reproducir y posicionar contenidos prorrusos.
Después ocurrió algo todavía más inquietante.
