Rocío Oviedo: la joven Tomasina que se proyecta en el Fisicoculturismo

La vida la ha golpeado duro pero, no por eso, pierde su sonrisa. Rocío Oviedo tiene 28 años y cursa cuarto año de la carrera de Nutrición y Dietética en la Universidad Santo Tomás sede Los Ángeles.

Comenzó a practicar fisiculturismo como hobby; sin embargo, hace dos años empezó a prepararse para competir en dicho deporte, obteniendo importantes logros a nivel nacional en la categoría Bikini Fitness.

Los motivos que la llevaron a competir, quizás son muy distintos a los del común de los atletas. Transcurría el mes de agosto de 2015 cuando su madre perdió la batalla contra el cáncer y falleció; tal escenario provocó que Rocío entrara en una depresión.

Optó por enfocarse en el deporte como una forma de vencer dicha enfermedad. En ese entonces, el dueño del gimnasio donde entrenaba era tricampeón de fisicoculturismo y fue él quien le ofreció la posibilidad de competir. “De pena, iba al gimnasio; así podía sacar toda esa rabia que sentía (…) Él me ofreció ayuda y me preguntó si quería competir”, relató la joven estudiante tomasina.

Para Rocío, el fisicoculturismo comenzó a transformarse en una salida a la tristeza por la que estaba pasando y se convirtió en una especie de refugio. “Cuando acudes al gimnasio, vas haciendo nuevas amistades que se transforman en tu segunda familia, los ves todos los días. Justo en ese entonces, habían tres chicos que se preparaban para competir; ahí, me ofrecieron la oportunidad y se me presentó la posibilidad de empezar a prepararme para competir”, contó Oviedo.

Durante todo este proceso, no sólo lidió con la muerte de su madre. Además, ha debido enfrentar los comentarios de familiares y amigos que no ven con buenos ojos la práctica del fisicoculturismo como deporte.

A mis cercanos no les gusta que lo practique porque, como no es muy conocido, lo ven un poco raro. Les carga que esté restringiéndome en comidas, que no coma lo mismo que ellos o que coma tan poco”, sostuvo la alumna de Nutrición y Dietética.

Su perseverancia y esfuerzo han sido recompensados. En enero de este año obtuvo el primer lugar a nivel nacional en su categoría, tras competir en la ciudad de Arauco y en febrero alcanzó el tercer puesto en el Iron Body, el segundo campeonato más importante que se realiza en Chile en esta materia, disputado en la ciudad de Los Ángeles.

-Has debido sortear una serie de prejuicios y barreras para poder alcanzar tus metas en cuanto a la práctica de este deporte.

Sí. Así como encuentras barreras en la familia, también las encuentras a veces en los amigos, pero trato de no pescar tanto cuestionamiento. Igual tengo muy buenas amigas que me apoyan en todo, que me van a ver y me dan ánimo cuando ya no tengo ganas de nada, están en los dos parámetros.

Siento que este deporte me ayudó; me salvó la vida, en realidad. Quizás no hubiera sido éste, hubiera sido otro, pero en ese momento fue esto; entonces, me aferré a él. Siento que en realidad me salvó la vida porque estaba entre la disyuntiva de irme de carrete o esto y mi opción fue el deporte por lo que estoy muy agradecida de ello y de quien, en ese entonces, fue mi entrenador.

-¿Por qué decidiste comenzar a entrenar en la categoría Bikini Fitness y no en otra?

En el caso de las mujeres, el fisicoculturismo se divide en tres categorías: el Bikini Fitness, el Wellness y Bodies, que ya son más musculosas.

Decidí especializarme en el Bikini Fitness por un tema de estética. Cuando fui a ver campeonatos, me gustó la línea de las chicas que eran como más finas, con un porcentaje de grasa mínimo.

-¿Cómo es tu rutina, desde el momento en que empiezas a competir y cómo lo haces para complementarlo con tus estudios?

La preparación es desde varios meses antes, mínimo son 6 ó 7 meses antes los que uno se empieza a preparar. Se comienza con una dieta muy estricta, donde se elimina todo lo que son las grasas saturadas, los dulces, las bebidas, el alcohol. A nivel personal, dejo lo que es el carrete porque uno necesita descansar mucho; aparte que uno igual tiene un compromiso con el entrenador, de no fallar; entonces, voy priorizando.

Uno va perdiendo amistades porque no todas entienden esto. Muchas veces juzgan; cuando ven que te gusta tanto, piensan que estás un poco loca porque este deporte no es muy común. Como son muchas las cosas que se restringen, no todos entienden; a la gran mayoría le gusta lo mismo entonces quedo como la “rara”.

Ando con mis tapers todos los días. Hago seis comidas diarias, como cada tres horas y en la universidad trato de complementar las dos cosas; cuando me toca comer, salgo de clases. Entonces, llevo mis bolsitas, mis taper, como y vuelvo a ingresar. Trato de no dejar la Universidad de lado ni mi deporte, que es a lo que más me enfoco.

-Lo que estudias está muy ligado al deporte que practicas. El tema de la nutrición es bastante importante.

Aparte, soy titulada de la carrera de Gastronomía Internacional y Tradicional Chilena, la que también cursé en Santo Tomás Los Ángeles. Entonces, las tres cosas son un complemento para mí: el tema de cocinar, la nutrición y el deporte.

Es más, una vez que termine la carrera quiero complementar todo eso y dedicarme a la nutrición deportiva, ver todo el tema de las comidas saludables y fitness, en este caso.

-¿De qué forma te ha ayudado la práctica del fisicoculturismo para sobrellevar la muerte de tu mamá? Me imagino que ha sido super complicado todo este proceso.

A la semana que ella falleció empecé a venir a clases. Retomé todo para desenfocarme del tema y no quedarme sola en la casa; el deporte me ayudó harto, más que nada el fisicoculturismo. Me despertaba en las mañanas y me preguntaba ¿qué hago? Entrenar. Entrenar, clases, entrenar.

Esa era mi motivación; en realidad, el deporte me ayudó mucho en cuanto al autoestima, fue mi refugio ante la pena. En vez de llorar, entrenaba y me enfocaba en eso. Me desestresaba y, de esta forma, canalizaba todas mis energías negativas.

-Cuando empezaste a entrenar para competir, ¿alguna vez pensaste en que ibas a tener resultados tan buenos a nivel nacional?

La verdad es que no. La primera vez que competí fue para vivir la experiencia y saber lo que mis compañeros, en ese entonces, sentían o cómo se preparaban todos los días; más que nada fue eso.

Cuando ya pasas por eso, te das cuenta de que uno siempre quiere más; te quedas con ese gustito de querer más, de que todo el esfuerzo valía la pena y así fue.

-¿Cuáles son tus desafíos a futuro, por lo menos para este primer semestre o este año en el fisicoculturismo?

Ya comencé a prepararme y retomé lo que es la dieta. A todo esto, después de la última competencia, estuve más o menos con 23 días libres, los que significaron que volví a comer carbohidratos, comida chatarra y dulces.

Ahora retomé lo que es la alimentación saludable porque mi idea es volver a competir en la copa Flex, campeonato que se realizará en noviembre de este año en la ciudad de Concepción, y seguir con las competencias que se desarrollarán en diciembre, enero y febrero próximo.

-Junto contigo, ¿hay alguna otra mujer que compita en lo mismo?

En Los Ángeles, este año se incorporó una chica nueva pero antes, yo era la única y ojalá que se sigan incorporando más al fisicoculturismo en la ciudad.

-El hecho de participar en campeonatos involucra una serie de gastos, ¿Cómo lo haces para financiarlos?

Trabajo todos los fines de semana. Con lo que gano voy costeando lo que son suplementos, pago el gimnasio y mis comidas.

Ahí me las voy jugando; por ejemplo, el año pasado me costó mucho terminar. En términos de lucas, me estaba estirando mucho y, por lo mismo, no iba a competir en el Iron Body por un tema de dinero, pero a una amiga se le ocurrió hacer una rifa: me conseguí varios premios y vendí números. Lo que junté me dio para llegar al campeonato.

– Me imagino que igual te vendría bien una ayuda, alguien que te pueda patrocinar en esta materia.

Sí, siempre; todo es bienvenido. Los que quieran ayudar, pueden contactarse conmigo a través de Instagram (chioviedor) o por Facebook (Cho Oviedo Retamal).