“¿Qué nos está pasando?”

Semana a semana, las noticias nos impactan con una y otra y otra decepción, sea del lado que se sea. Vemos cómo las instituciones no funcionan o lo hacen pésimo. El Sename, estafas en Carabineros, parlamentarios en tribunales, de cualquier signo político, empresas que no hacen mantención a sus servicios y dejan sin luz a miles de ciudadanos, etc.

Frente a esta decepción diaria o semanal, cabe la reflexión y luego, proponer soluciones. Sin lugar a dudas los chilenos hemos cambiado y por alguna razón se constata un relajo transversal en los valores éticos en la sociedad, un gran individualismo, un egoísmo y una indiferencia a los problemas. Si bien es cierto, muchos están fallando, es necesario además una mirada personal y familiar al asunto. En otras palabras, en jerga popular, la pregunta sería: ¿cómo andamos por casa?

¿Nos preocupamos de nuestros vecinos, de sus problemas, de sus inquietudes? ¿vamos a las juntas de vecinos a escuchar y participar en la solución de los problemas comunes? ¿Cuando vemos a alguien en problemas, amigo, familiar, etc. le tendemos la mano? A nuestros hijos, les enseñamos el respeto a los demás, respetar al profesor, al adulto mayor, al más desvalido? ¿Cuándo circulamos en auto, le cedemos el espacio al otro, somos amables con los demás? Respetamos las filas, respetamos el orden preestablecido, hacemos el trabajo con profesionalismo, con amor y cariño o por el contrario, hacemos trampas, hacemos el trabajo con rabia y menosprecio?

Estas y tantas preguntas más son necesarias para hacer un diagnóstico personal de mi propio entorno y responderlas con sinceridad, voluntariamente, al leer estas líneas.

Por lo mismo, si deseamos que nuestro país y nuestra sociedad marche mejor, sin duda las autoridades son las llamadas -en primer lugar- a comportarse éticamente. Nosotros debemos exigirles al máximo y no ocultar sus errores o insensibilidades. Reciben sueldos enormes y muchas veces justificamos sus faltas y no protestamos (hacemos vista gorda). La razón de esa indiferencia la debe buscar cada uno en su interior. Pero, si deseamos un Chile mejor, si deseamos ser un país respetuoso y solidario, más allá de eslogan, como dice el dicho popular: la caridad comienza por casa, con cada uno, en cada familia.

Tener la sensibilidad de que mi vecino, mi familiar y/o mis amigos necesitan mi ayuda, mi preocupación. Tener  la valentía de decir basta a los abusos y exigir respeto a la dignidad de las personas, sea donde sea: la mujer y el marido, padres e hijos, vecinos de barrios, en el colegio, en la junta de vecinos, al manejar los autos, en mi club deportivo. Ser amables y humanos, primero con nosotros mismos y luego con los demás, y, no hacer  a los demás lo que no me gustaría que me hicieran a mí.

Es fácil criticar pero qué difícil es el la autocrítica, la reflexión personal, pensar en qué estamos fallando nosotros para luego exigirle a los demás.

Si todos hacemos esta autocritica y hacemos el esfuerzo de mejorar, ser más generosos, sin duda tendremos más fuerza, más empoderamiento para exigir mejores autoridades, mejores políticas y no ser cómplices pasivos de la crisis que vivimos, de la mezquindad, de la negligencia, de las malas prácticas, del trabajo mal hecho, de la falta de autoridad, de la falta de cercanía y humanidad al solucionar los problemas más urgentes y eliminar las injusticias diarias.