Soñar es gratis.

 

Hoy quiero referirme a algo que he ido observando a lo largo de mi vida: hay cada vez menos soñadores. El “pragmatismo” de la época en que vivimos influye a tal grado en nuestras vidas que termina inhibiendo los sueños. Existen excepciones, pero que no hacen otra cosa que confirmar la regla general.

La absorbente vorágine social nos ha llevado a posponer el ejercicio a soñar.

Mis estudios básicos y medios los cursé en establecimientos municipales de mi amada ciudad de Los Ángeles, ahí vi como muchos de mis compañeros decidieron no soñar y aceptar su “realidad”. En los diversos roles en la sociedad he visto talentos desperdiciados o subutilizados por el proceso de aceptar lo que el destino les deparó.

Muchos de mis amigos y compañeros recibieron mensajes de sus entornos cercanos “No tenemos dinero para que estudies eso que tú quieres”, “¿Tú? ¡Si no tienes habilidades!”, “¡Nunca podrás!”, o peor aún, “No sirves para nada”, “Eres una desgracia”, “Nunca podrás salir adelante”. Mensajes que al repetirse probablemente fueron lentamente transformándose en realidad, una triste realidad.

¿Por qué tenemos que soñar? Primero porque es gratis, también porque sin sueños no podemos lograr un futuro distinto, sin sueños no es posible dejar una huella en el mundo, pero principalmente porque sin sueños no existe una razón para dar lo mejor de nosotros mismos.

Necesitamos de manera urgente volver a soñar. Necesitamos nuevos soñadores que sigan los pasos de Alexis Sánchez, Claudio Arrau, Gabriela Mistral, Arturo Prat, entre tantos otros muchos desconocidos para la gran mayoría pero con grandes legados. Ellos soñaron con algo distinto y lo lograron.

A fines del siglo XIX los hermanos Wrigth soñaron con hacer volar al hombre. Su sueño y persistencia nos permite hoy unir todos los continentes con aviones que vuelan a más de 900 km/h y transportan casi a un millar de pasajeros. El año 2014 2.790 millones de personas fueron pasajeros de uno de los 37,4 millones de vuelos comerciales en todo el mundo. Y todo partió por un sueño de 2 hermanos que querían hacer volar al hombre sobre una máquina.

Los sueños, cuando son activados, pueden generar un impacto impredecible, entonces, si soñamos y nos enfocamos en nuestros sueños no existen límites.

Así como cuando estudiante conocí a muchos que por las voces negativas de su entorno o quizás por temor al fracaso, no lucharon por alcanzar sus sueños; también conocí a otros que se enfocaron en sus sueños. Cuando comenzaron a luchar por lograr lo que soñaban, a ratos, pensé ¿lo lograrán? ¿serán capaces de superar tantos escollos?, pero a medida que avanzaban me di cuenta de la gran fuerza que tienen los sueños en acción.

Conocí un joven angelino exalumno de la escuela Nº1 y el Liceo Industrial, que quiso ser Ingeniero, luego magíster, hoy Doctor en Ingeniería y Profesor de la Universidad de Tennessee.

También conocí a un joven que después de quedar sin trabajo comenzó con una empresa y hoy es uno de los empresarios más importantes de nuestra ciudad.

Y todo comienza en un sueño. La gracia de soñar es que a diferencia de la vida real en los sueños no hay restricciones. La vida real nos pondrá dificultades, obstáculos; nuestros cercanos nos dirán que es imposible, que no es realista, que es mejor “aterrizar” los sueños, sin embargo, Se puede! Si realmente lo quieres, se puede.

Nunca es tarde para soñar, ni menos para poner en acción los sueños. Mientras más temprano alentemos a nuestros niños en que pueden cambiar su futuro y el de su entorno, mejores resultados obtendremos.

Nunca le niegues a un niño la posibilidad de soñar, por el contrario, aliéntalo, apóyalo, invítalo a ponerse en acción y pronto verás que lo que parecía imposible ya no lo es.

Soñar es el principio de algo grande, es el comienzo del resto de nuestras vidas.

Soñar es un ejercicio importante, pero hay que poner manos a la obra para que nuestros sueños dejen de serlo y sean una realidad.

Por Mario Pulgar Painemal

Ingeniero Comercial y MBA

Consultor Organizacional

Charlista motivacional y de emprendimiento

Docente de Educación Superior